Se trata 167 volúmenes que albergan 87 títulos sobre los más diversos temas: literatura, historia, filosofía, geografía, viajes, economía, agricultura y ganadería, ciencias y técnicas, que fueron entregados en dos remesas a finales de 1810 y de 1811. La mayor parte de los libros está en español y en francés, pero hay algunos pocos en inglés, italiano, latín y griego. Aunque Belgrano casi no dejó marcas de lectura en ellos, en su repaso se puede vislumbrar elementos significativos de su pensamiento. En su donación abundan libros que van desde la tradición filosófica y literaria greco-romana, pasando por sus principales preocupaciones: el derecho y la economía política, la agricultura y los oficios industriales, hasta las artes y las ciencias. Hay tratados de cosmografía e historia natural, de medicina, química y matemáticas, así como obras filosóficas y literarias entre las que se destacan el Platón de Marcilio Ficino y el Robinson Crusoe de Daniel Defoe. También se destacan los tomos jesuíticos de la contrarrevolución con los que Belgrano coincidía en el rechazo a los horrores del jacobinismo y en la brega por una monarquía ilustrada, que inspiró su propuesta de un rey inca encarnado por el hermano de Túpac Amaru. Y por supuesto los libros históricos referentes a las vidas de militares ilustres en los que acaso el creador de la bandera se veía en espejo. En suma, en sus libros, preservados por la Biblioteca Nacional como uno de sus más preciados tesoros, es dable imaginar un Belgrano que forja las ideas que tramaron su destino y el de la Argentina.