11 de julio de 1914 nace Aníbal Troilo

En palabras de José María Otero, Aníbal Carmelo Troilo, conocido también como Pichuco, es la síntesis misma del argumento existencial del tango: el sentimiento, la porteñidad, el barrio, la noche, la madre y los gomías. 

Bautizado por Julián Centeya como “El Bandoneón Mayor de Buenos Aires”, se convirtió en el prototipo indiscutido del tango del cuarenta. Nació en el barrio del Abasto el 11 de julio de 1914. Inició su camino en la infancia, tomando clases con un profesor de barrio que le permitió tocar piezas fáciles en cines y cafés. A los once años debutó en el cine Petit Colón, en la esquina de Córdoba y Laprida, y a los trece ya integraba un trío con Miguel Nijensohn y Sapia. A partir de 1927, su talento lo llevó a recorrer diversas agrupaciones. Trabajó con Alfredo Gobbi (h) y Juan Maglio y en 1930 formó parte de un sexteto histórico: el Vardaro-Pugliese. En 1932 se sumó a las filas de Julio De Caro y, antes de fundar su propia agrupación, sumó experiencia junto a figuras de la talla de Ángel D'Agostino, Juan D'Arienzo, Alfredo Attadía, Ciriaco Ortiz y Juan Carlos Cobián. El acontecimiento que definió su trayectoria llegó el 1° de julio de 1937 con la creación de su propia orquesta, considerada por muchos la mejor de toda la historia del tango. Su auge se dividió en dos grandes eras: la primera abarcó hasta 1954; la segunda se inició en 1956, ya con las voces de Roberto Goyeneche y Ángel Cárdenas.

Por su orquesta pasaron músicos de alto nivel, como Reynaldo Nichele, Ástor Piazzolla, Ernesto Baffa, Orlando Goñi, José Basso y Osvaldo Manzi, además de una selecta nómina de cantores de la talla de Fiorentino, Amadeo Mandarino, Alberto Marino, Edmundo Rivero, Jorge Casal, Elba Berón, Roberto Rufino, Nelly Vázquez y Tito Reyes. Fuera de la orquesta, Troilo también dio vida a un cuarteto propio y a otro compartido con el guitarrista Roberto Grela. Como figura central de la cultura porteña, participó en numerosas realizaciones teatrales y cinematográficas. Fue emblema de la noche en reductos míticos como Caño 14 y El Viejo Almacén y llevó su música a todos los rincones a través de temporadas veraniegas en Mar del Plata, bailes nocturnos y extensas giras. En la Biblioteca Nacional se pueden consultar muchas de sus composiciones junto a las de autores de la talla de Enrique Cadícamo, Homero Manzi, Cátulo Castillo y José María Contursi, entre otros. Destacan, por ejemplo: Garúa, Sur, La última curda, Media noche, Y no puede ser, Evocándote, Barrio de tango, Malena, Valsecito amigo, Naipe, Garras, Con mi perro, Romance de barrio, Tango triste, A Homero, Che bandoneón, Discepolín, Milonga del Mayoral, Contrabajeando, Te llaman malevo, A Don Pedro Maffia, A la Guardia Nueva, Milonga de Manuel Flores (con letra de Jorge Luis Borges) y El último farol, además de muchas obras más junto a diversos colaboradores. El final de su vida llegó a mediados de mayo de 1975 —fecha que las fuentes debaten entre el 18 y el 19 de dicho mes—, dejando un vacío imborrable en la cultura popular argentina.

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